Una cueva llamada "de Sopeña"




Mi intención era no extenderme demasiado, pero me ha sido imposible dado, al menos en mi opinión, lo interesante y absorbente de la información recogida.

Permitirme por tanto narrar a continuación, “a grandes rasgos”, una historia que a ciencia cierta no se sabe si es real o mera fantasía pero que ha hecho correr ríos de tinta. Se trata de la historia de Lucrecia de León y la Cueva “de Sopeña”.

Lucrecia de León

Dicho enclave  nos adentra de lleno en el mundo característico y genuino de nuestra comarca, el mundo de lo subterráneo, y que nos ofrece un claro ejemplo de lo importante que llegó a ser este mundo en la zona que rodea nuestra villa.

La historia es la siguiente:

Corría en España el último tercio del siglo XVI, siendo rey Felipe II. La sociedad española por esta época era tan católica como creyente en supersticiones, la situación económica era terrible y el pueblo pasaba innumerables calamidades.

Felipe II

Lucrecia de León nació en el año 1567 y era hija de un humilde trabajador del estado. Desde pequeña empezó a mostrar una gran capacidad para recordar sus sueños. Era una visionaría que tenía sueños proféticos y eran muchos los personajes de toda clase y condición que iban a pedirla ayuda y consejo.

Con 16 años entraba al servicio de una dama de la corte y tuvo oportunidad de conocer al rey Felipe II y a su hijo, el futuro Felipe III. Por este motivo desarrolló un mayor odio hacia la monarquía y hacia todos los nobles y poderosos que vivían del despilfarro mientras el pueblo se cubría de miseria.

En la misma época coincidió con Miguel de Piedrola, descendiente y último heredero de los reyes de Navarra, quién supuestamente también tenía sueños proféticos que pronosticaban la caía de España y la desaparición del linaje de la Casa Real Española.

Piedrola pronto se pondría en contacto con Alonso de Mendoza y fray Lucas de Allende, personajes un tanto oscuros dentro de la alta sociedad española de su tiempo.

Alonso de Mendoza era canónigo de la catedral de Toledo y miembro de una familia de Grandes de Castilla y nada partidario de la política del rey Felipe II. Mendoza aprovechó la fama de Lucrecia sobre sus dotes proféticas para servir a sus intereses personales, ocupándose personalmente sobre su manutención, interpretando y difundiendo los sueños según sus propios intereses, que no eran otros que sembrar el desconcierto y pesimismo respecto a la política del rey.

Lu­cas de Allende, de origen humilde, nació hacia 1545 en nuestro por aquel entonces Villarrubia de Ocaña, cerca del emplazamiento de las cuevas de Sopeña. Fue guardián del convento franciscano de Madrid, uno de los más importantes establecimientos religiosos de la capital. Allen­de, como Mendoza, estudió teología. Cuando contaba unos dieciséis años se hizo franciscano, educándose en Toledo, Alcalá de Henares y finalmente en Coimbra, donde residió en el colegio de San Bue­naventura entre 1574 y 1575. Posteriormente enseñó teología en un convento franciscano en Canarias y después fue guardián del con­vento de Mora (Toledo).

Todos ellos a su vez reclutarían a Lucrecia de León, dejando a fray Lucas de Allende a cargo de su dirección espiritual, además tenía la tarea de ir escribiendo en papel los sueños de Lucrecia.


Lucrecia repetía sueños con el Rey. En uno correspondiente al 10 de marzo de 1580 hay un apartado en el que lee, entre otras cosas:
«¡Pobre de ti, que tuviste la oportunidad pero no llegaste a comprender ni a hacer lo que es digno de un Rey!»

En relación con la Iglesia, sueña con una viuda sin manos, porque la Iglesia no ayuda a los pobres, sino a los ricos. En esta sociedad supersticiosa, donde mucha gente creía que los sueños de Lucrecia eran directamente de inspiración divina, solo era cuestión de tiempo que la Inquisición apareciera en escena.

Entre los sueños de Lucrecia podrían citarse infinidad, pero he aquí otro de ellos: corría el otoño de 1580, la joven tenía sólo 12 años. Eran los días en que Felipe II viajaba a Lisboa para reclamar el trono de Portugal. El Rey enfermó de gravedad en Badajoz. En sueños vio Lucrecia un cortejo fúnebre en la ciudad extremeña. Intrigado, su padre le preguntó si la persona que llevaban a enterrar era el Monarca, pero Lucrecia lo negó. Sin embargo, semanas más tarde se supo que la reina Ana de Austria había fallecido en el lugar del sueño.


Pero fue en 1588, después de profetizar el desastre de la Armada Española frente a las costas inglesas cuando Lucrecia de León habló del sueño por el que pasaría a la historia. Tras el sueño de Lucrecia, Piedrola continúa con el suyo propio sobre la pérdida de España y el final de los Habsburgo, dándole una mayor fuerza y viveza al sueño.


Según Lucrecia, los herejes protestantes entrarían por España por el norte, los Turcos por el sur y los ingleses por Portugal. A todo esto, los moriscos, quinta columna de los invasores, se sublevarían desde dentro, facilitando las invasiones. El resultado sería la ruina total, entre sangre y fuego, de toda España. El rey, tras varias batallas en las que sería derrotado, huiría a Toledo y en la Ciudad Imperial moriría. La rama española de los Habsburgo desaparecería y sería sustituida por otra nueva, encabezada por Miguel de Piedrola. A continuación de esto profetizó que el resto de los supervivientes de la Corte se esconderían en una Cueva llamada “de Sopeña” y desde allí se iniciaría una nueva Reconquista de España. A todo esto Piedrola sería rey y Cristóbal de Allende, hermano de fray Lucas, su lugarteniente.

Los sueños de Lucrecia se irán haciendo cada vez más apocalípticos, conformando toda una colección de malos presagios para España, por culpa de los excesos de Felipe II, “Dios habría de castigarle por sus numerosos pecados”. A partir de ellos se empieza a hablar en el grupo de seguidores de una Nueva Pérdida de España (como la ocurrida en tiempos de D. Rodrigo, al 711). Es por ello que D. Alonso de Mendoza constituye, con el grupo de seguidores, la Congregación de la Nueva Restauración, extraña hermandad que fecha sus capítulos el 19 de septiembre de 1589. «Quisiera recordar por tanto, que varios miembros de la Congregación de la Nueva Restauración eran de Villarrubia”

Muerte de don Rodrigo - Batalla de Guadalete

Lucrecia cayó misteriosamente enferma. El número de sueños que recordaba des­cendió vertiginosamente durante los dieciocho meses siguientes. Sin embargo, ni su detención ni su enfermedad empañaron su reputa­ción como vidente. Y muy pronto sus más ardientes seguidores empezaron a trabajar en So­peña, el refugio que vio en los sueños.


La familia Allende tenía propiedades en Villarrubia de Santiago, entre estas en una heredad de Cristobal Allende había una cueva denominada «Sopeña», la cual tenía fama de lugar mágico. Ya en el siglo XII existía en la zona un topónimo denominado «la Cova», muy cercano estaba Alharilla, con su castillo y una ermita consagrada a la Virgen, esta era zona con gran cantidad de sucesos portentosos, supersticiones, etc.

Junto a unos riscos que daban al Tajo, cerca de Villarrubia, Mendoza empezó a dirigir los preparativos para transformar varias cuevas en refugios de supervivencia.
En marzo o abril de 1588, se agrandaron las cuevas almacenando en ellas provisiones de trigo, aceite y vino, incluso algunas armas de fuego. La correspondencia de Mendoza confirma la compra de estas y otras provisiones, junto con cargamentos de diversos adornos re­ligiosos para una capilla de pequeñas dimensiones que según se dice, fue diseñada por Juan de Herrera, el arquitecto real. Según testimonio de fray Francisco de Murga, Juan de Herrera hizo construir tres o cuatro aposentos y dirigió las obras:
«colgado de una guindaleta, señalando las partes por donde se habían de romper y abrir las puertas y ventanas».

Juan de Herrera

No sabemos si Lucrecia participó en estos preparativos. Pero al menos en una ocasión visitó las cuevas, al parecer llevada allí por Mendoza, quien más tarde describió Sopeña no como una cueva, «sino casa fuerte por ser lo tanto aquel sitio y casa de Dios»

“Atravesaron también Perales y El Villarejo, y antes de la media mañana llegaron a Tarancón, y luego a Villarrubia de Santiago, y se desviaron por un camino muy malo hasta encontrar de repente un valle hondo, por el que iba trazando grandes curvas la ancha corriente del río Tajo.
—En uno de esos sotos nos esperan —dijo el hombre, y llevó la carroza hasta el paraje que al parecer era su punto de destino, donde había otras carrozas detenidas.
El lugar se encontraba al pie de unos barrancos en que la tierra se descarnaba en las feroces huellas ocres y blanquecinas que habían dejado los torrentes del agua llovediza. La ribera formaba allí un pequeño soto de chopos y en un claro había un pabellón de color azul, y frente a él un dosel blanco y dorado, sujeto por muchos pies pintados de rojo, bajo el que se extendían unas mesas de madera con largas bancas colocadas junto a ellas.”

Mientras que estos preparativos eran llevados a cabo, durante el verano de 1588, la reputación y credibilidad de Lucrecia subieron como la espuma al cumplirse sus sueños sobre la derrota de la Armada Invencible. Nuevos simpatizantes se sumaron a la causa por la visión de la derrota, como un sím­bolo de la vulnerabilidad de España y de la incapacidad de Felipe II para proteger a sus vasallos. Los diversos sueños que tuvo sobre la reina Isabel I conspirando con los enemigos de España eran un presagio del temor que estaba en la mente de todos los españoles: la perspectiva de que Inglaterra usara su recién adquirido poder.

Todo esto terminó como cabía esperar. Harto Felipe II de tanta conspiración, mueve los hilos para que entre en escena la Inquisición, y así comienza un proceso que durará algunos años, corría el año 1590.


El 20 de mayo de 1590, los inquisidores entraron en casa de Alonso de Mendoza donde encontraron y confiscaron unos treinta cuadernos que contenían los sueños de Lucrecia y varios papeles sobre la perdición de España, o sea material muy sospechoso de corresponder con un caso de sedición.
Lucrecia, Alonso de Mendoza, fray Lucas Allende y otros asociados fueron detenidos cinco días después y encerrados en la cárcel de la Inquisición toledana.
El proceso duró unos 5 años y en ese tiempo no se pudo obtener una inculpación verídica por parte de Lucrecia. Lucrecia siempre se presentó como una mujer ignorante que había sido utilizada por fray Lucas de Allende y Alonso de Mendoza. Allende acusó a Mendoza de ser el verdadero cerebro de la agrupación y Mendoza se defendió diciendo que era un ultraje su detención e intentando conseguir el apoyo papal para su excarcelación.


Durante el proceso se cambió de jueces y de casi todos los funcionarios por una serie de irregularidades que se dieron. Los nuevos jueces fueron más duros que los anteriores y Lucrecia fue sometida a tortura varias veces, pero no se consiguió a penas nada. Solo se avanzó algo en una ocasión que dijo que los sueños habían sido una mentira creada por Mendoza y Allende o en la que ella no había tenido nada que ver y en otra ocasión admitió haber inventado ella también sueños. Esto contradecía a sus confesiones normales en las cuales había mantenido que los sueños eran reales y no una creación de nadie.

Al final, Lucrecia junto al resto de conspiradores, fue declarada culpable.
Entre otros delitos se le consideraba culpable de blasfemia, falsedad y sacrilegios así como de sedición, por supuesto, también la condenaban de hacer un pacto con el demonio.
Tras sufrir un auto de fe público, fue castigada a 100 azotes (que por ausencia del verdugo se pospusieron una semana), dos años de confinamiento en un convento y el exilio permanente de Madrid. Una pena muy suave, teniendo en cuenta que el mismísimo rey iba contra ella. Esto demostraba el apoyo que había conseguido Lucrecia en la Corte.

La vida en prisión fue muy dura para Lucrecia, que para colmo de males, descubrió que estaba embarazada de Vitores, uno de sus seguidores, quedando así manchada su aparente castidad y reputación.

Salió de prisión en 1595, pero ahí no terminaban sus desdichas. Su familia la había abandonado y se encontraba sola con una hija pequeña que nunca había visto la luz del sol y solo conocía cucarachas y ratones como amigos de juegos. Tuvo que ingresar en el hospital San Lázaro de Toledo, habitado por mendigos y personas con enfermedades contagiosas. Pasó después al de San Juan Bautista donde el contagio no era una amenaza constante. Su huella se pierde al ganar la libertad. ¿Mendiga? ¿Prostituta? ¿Criada? Se ignora que camino tomó. Pero todavía hoy se discute la autenticidad de sus sueños.

Procesión auto de fe.

De la tan famosa cueva no se conoce su ubicación, siendo este uno de los grandes enigmas de nuestra España Mágica. Documentalmente no queda rastro de ella, ni los protocolos notariales de la localidad de Villarrubia de Santiago, que se encuentran en el Archivo Histórico Provincial de Toledo, ni en el archivo diocesano de Toledo, ni en la documentación inquisitorial, hay más que vagas referencias a su localización. La cueva se menciona por primera vez en el proceso contra los conjurados.

No debe hallarse en un lugar recóndito y de difícil acceso, pues durante años se utilizó como ermita para celebrar misa y tenía próximo un humilladero, construcción que normalmente se ubicaba en las inmediaciones de un camino.

Se sabe que Juan de Herrera también construyó la Fuente Grande de Ocaña, donde se descubrieron unas galerías subterráneas tarimadas, donde muchos estudiosos han querido ver un conducto hacia tan famosa cueva.

Fuente Grande de Ocaña

En las tierras de Ocaña existen varios cerros con el nombre de Sopeña, igualmente en la vecina Noblejas existe un cerro de la Sopeña, anexo a una vieja casa de labor propiedad de los dominicos. Todo ello rodeado de varias minas de espejuelo, donde algunos dicen que existen galerías que comunican con la cueva salvífica; incluso leyendas locales comunican todo esto con el despoblado de Oreja, uno de los más espectaculares de España.

En otro lugar, en un barranco de Villarrubia, conocido como el Barranco del Pilón, con su cueva, también se ha buscado la Sopeña. Esperemos que en un futuro próximo demos con su ubicación, sería uno de los descubrimientos del siglo.


No se sabe realmente cómo era físicamente Lucrecia, se sabe que era morena y de ojos castaños y que su madre la comparo con la Eva del retablo de Van Eyck y que era una muchacha frágil, que durante la década de los 80 del siglo XVI pasó una especie de depresión.

Políptico de Gante o La adoración del Cordero Místico - Jan Van Eyck - 1432



A pesar de su belleza, con 21 años aún no estaba casada, algo bastante extraño en la España de la Edad Moderna donde las muchachas se solían casar temprano. Parece ser que el motivo de que no se casara era porque su padre no había sido capaz de reunir una dote, algo que en sus sueños estaba muy presente y que indirectamente también se vio afectado Felipe II quien tampoco había casado a su hija predilecta Isabel Clara Eugenia.

Posiblemente el resto de su vida fuera muy dura, sola, sin recursos y madre soltera. Triste destino para una soñadora.




Fuentes principales:

El Miradero - Boletín del Ateneo Científico y Literario de Toledo - La Mesa de Ocaña, espejo de la Cueva de Sopeña; por Antonio Martín Asperilla
Los sueños de Lucrecia - Política y profecía en la España del siglo XVI; por Richard L.Kagan
Las visiones de Lucrecia; por José María Merino
Lucrecia de León, una mujer condenada por soñar; magisquam.wordpress.com

Prólogo




Al comienzo de cualquier libro, podremos encontrar un prólogo. Ese texto que le sirve al autor para justificar el haber compuesto la obra y al lector para orientarse en la lectura o disfrutar de la misma.

Es de esperar preguntas como: ¿Por qué un prólogo para un blog? ¿Por qué ahora, después de cerca del centenar de artículos?, y la respuesta podría ser ¿y por qué no?



Hace tiempo que comenzó a parecerme interesante dejar constancia de mis intenciones con este blog, reflejándolas de una forma escrita. Además creo que después de haber alcanzado las 30.000 entradas a artículos, podría ser un momento idóneo para hacerlo.

Nadie es profeta en su tierra, ni yo pretendo presentar como propios los pedazos históricos ya contenidos en diferentes fuentes escritas.

Mi principal intención, desde un principio, es dejar al alcance de toda aquella persona interesada, ya sea por simple curiosidad o por necesidad, toda la información que poco a poco tenga posibilidad y suerte de ir recopilando, con opción de mostrar a nuestros jóvenes conocimientos que ayudarán a valorar las costumbres, personajes, sucesos, arquitectura….. y aumentar nuestro orgullo hacia nuestro pueblo, si cabe.

El origen de la información recogida es diverso: textos e imágenes extraídos de los libros de fiestas patronales, libros con referencias al municipio, internet, etc, siendo el resultado de algunos artículos una unión o suma de información de distintas fuentes, siendo mi mayor ilusión y entretenimiento, en el mismo porcentaje, el “zambullirme” en libros de historia y localizar referencias a nuestra Villa.

Mi segunda intención es “abrir los ojos” y despertar la necesidad de mantener no solo los recuerdos, sino poner todo el interés y todos los medios posibles en mantener y cuidar toda la herencia física, ya sea monumental, bibliográfica, material, etc, utilizando todos los medios a nuestro alcance para su preservado y restauración.

Agradezco particularmente a todas aquellas personas que, en el paso de los años, han colaborado en dejar plasmada de distintas maneras, las tradiciones, recuerdos, imágenes e historia en resumen de Villarrubia de Santiago. Aunque sinceramente son muchas, dirijo mi recuerdo y gratitud principal hacia Manuel Fernández Nieto y Jesús Pino Garrobo, debido a su gran y sanamente envidiada labor de investigación y reunión de información tal cronistas.

De todos es conocida la bonita labor personal de algunos vecinos de nuestra villa, los cuales han llegado a reunir ellos mismos auténticos museos, como no recordando especialmente a Leoncio Guijaro. Pero debe ser obligación de nuestras administraciones (locales, provinciales, diputaciones, etc), el mantener y cuidar toda nuestra historia y legado. Dentro de lo cual podría incluirse, por qué no, proteger y cuidar nuestro medio ambiente, arboledas, arroyos, fuentes, caminos, fauna, etc.


Me gustaría que llegara un día en que Villarrubia de Santiago, con más de 800 años de historia, tenga su propio edificio museo público o centro de interpretación. Me gustaría  que llegara un día en que Villarrubia de Santiago, con su Museo, Iglesia, Plaza Mayor, Ermita, Cuevas, Minas, Fuentes, Cárcavas, Riscos y Montes, Yacimientos Arqueológicos, Puentes, Plaza de Toros, Hoteles y Casas rurales, Fiestas y Tradiciones…., sea un lugar con mayor atractivo e interés turístico.

Esto, por otro lado, podría ser una opción más de apoyo de futuro para nuestro municipio.  Vemos muy a menudo y conocemos muchos municipios que con el apoyo y buen hacer de los responsables de su gestión, se reciclan o buscan caminos opcionales de ofrecer trabajo y progreso. Es decir, buscar apoyo a la subsistencia del municipio, no solo atraer la importante industria para la necesaria oferta de trabajo a los jóvenes y futuras familias, también apoyar a la agricultura autóctona y como digo sacar partido a las posibilidades de oferta de ocio turísticas que atraiga nuestro pueblo. Siempre con la vista fijada en esa generación de trabajo local y prosperidad para que la historia de Villarrubia de Santiago continúe escribiéndose rica en el paso del tiempo.

Por último, quiero anotar que estaré muy agradecido a toda persona que quiera colaborar con información relativa. Ya sea aportando textos, fotografías, corrección de errores, recuerdos, o simples comentarios. Gracias de antemano.

Gonzalo Monzón Rodríguez


Sentimos verda­dera debilidad por las cosas antiguas, por los detalles, por la histo­ria que forman parte de nuestras vidas, de nuestros sentimientos de los aconteceres que no llegamos a vivir pero que sí lo hicieron otras personas que fueron dejándose en el camino jirones de su vitalidad.




El santero del pueblo





Se llama santero o demandador a la persona que pide limosna en nombre de un santo, de quien anuncia sus virtudes.

Concretamente, en el diccionario de la lengua española, se contemplan entre otras las siguientes descripciones:

-Santero: Persona que cuida de un santuario. Persona que pide limosna, llevando de casa en casa la imagen de un santo.
-Tablilla de santero: Insignia con que se piden las limosnas para los santuarios o ermitas.

En el siglo XVIII en España proliferaron los hermanucos y santeros, que por lo regular vestían traje frailuno, con barbas postizas, su capuchón y en una mano el báculo, llevando en la otra la demanda con la imagen de algún santo milagroso. Con semejante disfraz andaban por las calles y plazas embaucando a la multitud. Un tropel de santeros corría de pueblo en pueblo, aparentando penitencia y mortificación, contando mil patrañas.

En el siglo XIX, tras la revolución francesa los santeros se refugiaron en las iglesias cerca de las cuales se les podía ver. En las puertas de las mismas pedían para el tutelar. Los santeros tendían a profesar una adoración supersticiosa a las imágenes de sus santos y a exagerar e inventar sus milagros con una finalidad recaudatoria.

Cada demanda o santero orientaba sus promesas y milagros a la protección ofrecida por su santo, así por ejemplo:
  • El Demanda de san Antonio Abad distribuía campanillas de metal, que servían para preservar a todos los animales de distintas enfermedades.
  • El postulante para san Lázaro llevaba un remedio eficaz en sus tabletas, haciendo con ellas ruido para ahuyentar los demonios.
  • El que pedía para san Blas, a cuya protección se acogen los que padecen males de garganta, repartía cordones de seda que han estado al cuello de la imagen del santo.
En vano las leyes prohibieron estas cuestaciones. Los Demandantes siguieron en su afanosa tarea para aumentar el superávit que les facilitaba su subsistencia. Este es el verdadero origen de las subastas de tortas, dulces y frutas que eran frecuentes en todas las puertas de las capillas y delante de los retablos.


Aunque todo esto es lo que nos muestra la historia, contada para escépticos, de siempre el santero ha sido un personaje de dimensión institucional imprescindible en Villarubia de Santiago. Aquí se podía pasar sin el servicio de muchas personas, pero nunca privarse del santero, ese hombre y su familia dedicados todos los días del año al mantenimiento del decoro y orden debidos en el interior del santuario del Castellar y la gran explanada que se asoma a la vega del Tajo.

El santero estaba investido de la autoridad que le confiere la tradición y la razón de sus obligaciones.
Viene a ser una miniatura de lo que sería el gobernador que rigió la vida del castillo que hace siglos se alzaba entre riscos sobre el mismo cerro de espejuelo y greda.

Pero, además, este santero cumplía con una misión muy peculiar, recorrer seis kilómetros de subida y otros tantos de bajada para visitar periódicamente las casas del vecindario, a cuyas puertas llama y ante las que es recibido y tenida en cuenta su visita.

La capilla que cuelga de su cuello con la imagen de la Patrona, hace de él un excepcional funcionario de la comunicación. Gregorio, el anciano santero de los años treinta, recorría esos kilómetros a pie o en un borriquito, y por unos caminos que no estaban tan bien conservados como ahora. En cualquier época del año, hiciera frío o calor, más de una vez a la semana. Su sentido del deber y la necesidad le obligaban a ello.

Ya en los años 90, Andrés Clara Monzón fue el nuevo santero. 


"El Santero de mi pueblo
ha caído el pobre muy malo
¡Ay! De qué le sirve al Santero
ser amigo de los Santos

Que anda y reanda
que anda y andero
pidiendo pa el Santo
y olé bien come el Santero."


Letra de la canción: 
El santero de mi pueblo; por Francisco Villava